La esencia de la cultura teísta es la sumisión pasiva: la subordinación del individuo a algo estimado a ser superior. La mentalidad dependiente proviene de la relación subordinado-guardián que caracteriza la forma de vida teísta.
En cambio, la esencia de la cultura humanista es la libre iniciativa con la perspectiva racio-empirista. La afirmación de la autonomía individual marca la diferencia entre el humanismo y teísmo. Habilita al individuo a forjar su vida como cualquier otro y sostiene su dignidad.
La sensación de libertad desencadena las inmensas potencialidades de la imaginación, iniciativa y esfuerzo humanos que quedan ahogados bajo la fe teísta. Los logros importantes provienen de la libre iniciativa y del esfuerzo activo, no de la sumisión pasiva. Los seres libres tiene un mayor dominio de cada situación.
El aire de súplica y queja pasiva, inherentes en las plegarias a dios y solicitudes al gobierno, no tiene lugar en la cultura humanista. Los humanistas afirman: no se entregan. No aceptan el fracaso: toda experiencia mejora el método para más tentativas.
Los humanistas también tienen su fe, imaginación, e ideales. Pero su perspectiva racio-empirista distingue entre la fe y la verdad. Por consiguiente, el propósito de la vida cambia de la salvación en un más allá imaginario al bienestar de acá y hoy.