La Dualidad de la Mente

Hay una teoría que sostiene la predisposición inherente del ser humano a asumir que existe una intención, un peligro, etc... sin evidencia alguna. La teoría se apoya en el legado evolutivo de la especie humana. Según afirma la teoría, por millones de años, los homínidos fueron las presas fáciles de depredadores. Ante la duda, era mejor creer que acechaba un depredador en las tinieblas que no. Por la selección natural, se favoreció esta predisposición a creer.*

Pero algunos homínidos se adaptaron con más éxito, dominando su entorno. De presa fácil, pasaron a ser cazadores. Una dieta omnívora, rica en proteínas y minerales permitió el desarrollo cerebral, brindando así cada vez mayor capacidad intelectual.

En las sociedades primitivas, la humanidad se volvió cada vez más racional. Pero sigue la tendencia residual a creer por las dudas. Por eso la dualidad: por un lado, la perspectiva racio-empirista acompañada del dominio de las fuerzas naturales; por otro lado la superstición y abandono sumiso ante las fuerzas naturales, heredados del legado evolutivo.

La tendencia a la racionalidad y a dominar las fuerzas naturales es ateísta. Se ejemplifica en el método científico que es el orgullo de la especie humana: prácticamente todo logro técnico de la época moderna ha sido resultado de éste. Es la herramienta más aguda del ser humano ante su entorno, y en general el avance técnico ha hecho mucho por el bienestar general.

 

La tendencia a creer y al abandono sumiso ante las fuerzas naturales es teísta y se remonta en el animismo primitivo: ante un fenómeno difícil de explicar, resulta más fácil de entender asumiendo que exista una fuerza organizadora invisible o ente sobrenatural operando invisiblemente sobre el mundo real.

La mente humana naturalmente busca pautas. Pero este mecanismo busca-pautas también puede malinterpretar la aleatoriedad de la realidad, e.g. detectando una cara en una nube. Se teoriza que este fenómeno, llamado “pareidolia” apoya la tendencia a personificar los fenónenos naturales e imaginar la intención deliberada en ellos, que a su vez proporciona la ilusión de propósito. Consuela creer que existe una fuerza organizadora que actúa sobre nuestro mundo asombrosamente complejo.

Por esta dualidad de tendencias, un investigador científico puede imaginar una intención detras de un enunciado natural. Una monja devota puede asumir una perspectiva racio-empirista y ejercer libre iniciativa, solucionando así un problema real.

El ateísmo es el equilibrio ideal: aviva la imaginación y valora las opiniones, y al mismo tiempo las diferencia entre verdaderas o falsas por medio de la perspectiva racio-empirista.

Redacción: Carmen Chase

*Religion Explained: The Evolutionary Origins of Religious Thought, Anthropologist Pascal Boyer

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