| La Fe: ¿Virtud o Imprudencia? |
Imagine pasar directamente a través de una pared sólida, sin artificio alguno, sin dejar el menor indicio en la pared ni en su cuerpo. Seguro dirá: “No, no puede ser”. Y resulta perfectamente normal dudar, si en la práctica es razonable. La fe, como creencia personal, es jugarse a que algo sea cierto. Por eso, hay que tener buenas razones para creer (1). Basarse sólidamente en un criterio (2) consistente y razonable sí es una virtud. Declararse a favor de algo es otra cosa: no hace falta jugarse a que sea cierto, ni analizarlo. Puede ser motivado por el amor, temor, tradición familiar, presión social o interés personal. Los sentimientos personales motivan y ganan un valor social al expresarse. En cambio, el raciocinio ilumina: es la herramienta más aguda para averiguar la verdad o falsedad de algo. |
La fe dogmática se caracteriza por sus verdades absolutas que se basan en una autoridad que no sólo desdeña el desafío del análisis crítico, sino también pretende aislarse herméticamente contra la razón. Por consiguiente, la autoridad fuente es dudosa (3), la fe dogmática es infundada y el amparo especial que supone es una ilusión. Creer sin buenas razones es imprudente. La imaginación no se limita a los confines del mundo real: se puede equivocar. Por eso, corresponde discernir y verificar. Redacción: Carmen Chase 1.“Las afirmaciones extraordinarias requieren de evidencias extraordinarias.” Carl Sagan, Astrónomo estadounidense 2. véase criterio básico http://www.ateismopositivo.com.ar/ 3. Un experto incapaz de fundar sus opiniones en buenas razones se invalida como fuente fidedigna. Pierde aún más credibilidad con las aserciones de absolutos. |
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